Croquetas veganas de setas y cebolla

Las croquetas son una delicia culinaria que gusta de igual manera tanto a los pequeños como a los más mayores de la casa. Se pueden comer frías o calientes, pero lo mejor de todo es que las podemos hacer rellenas de casi cualquier alimento que tengamos en mente, de manera fácil y rápida. Así, en las grandes cadenas de supermercados podemos encontrarlas de diferentes variedades, en la sección de frescos o de congelados. En este sentido, lo cierto es que las croquetas veganas que tenemos a nuestro alcance en estas tiendas de alimentación próximas están bastante buenas, pero desde un punto de vista nutricional no son tan saludables como las croquetas veganas caseras. Por ello, en este artículo os proponemos hacer unas deliciosas y sabrosas croquetas veganas de setas y cebolla, con una receta sencilla que nos hará triunfar en la cocina.

Preparar croquetas veganas es mucho más sencillo de lo que pueda parecer en un principio, puesto que tan solo tenemos que reemplazar los ingredientes de procedencia animal por otros de origen vegetal. En este sentido, para sustituir la leche de vaca podemos utilizar una de avena o de soja (la de almendras no es recomendable, puesto que es demasiado dulce), y como alternativa a los huevos, en el rebozado, podemos emplear harina de garbanzos y agua. Lo cierto es que las croquetas de setas están buenísimas, puesto que la textura cremosa de la bechamel combina a la perfección junto con el intenso sabor de las setas.

Ingredientes:

  • 200 gramos de setas
  • 1 litro de bebida de soja
  • 250 gramos de harina de trigo
  • 1/2 cebolla
  • Pizca de sal
  • 250 gramos de harina de garbanzo
  • 1 vaso de agua
  • Pan rallado

Preparación:

Lo primero que tenemos que hacer es lavar las setas bajo el grifo y secarlas bien con papel de cocina. A continuación, con ayuda de un cuchillo afilado troceamos las setas en láminas pequeñas y picamos bien la media cebolla. Ponemos un chorrito de aceite en una sartén y a fuego medio salteamos los ingredientes, con una pizca de sal, hasta que adquieran un color dorado. En este punto, añadimos poco a poco la bebida de soja junto con la harina de trigo, y con la ayuda de unas varillas removemos enérgicamente. La harina hará que nuestra masa espese, por lo que de esta forma lograremos una bechamel homogénea y sin grumos.

Seguimos removiendo hasta que comience a hervir. En este punto, retiramos la bechamel del fuego y la pasamos a un bol, donde la dejaremos enfriar a temperatura ambiente antes de meterla a la nevera (es recomendable ponerle un fil por encima cuando vayamos a meter la masa en el frigorífico, para evitar que coja olor de otros alimentos).

Después de al menos una hora de reposo, podemos empezar a preparar el rebozado de nuestras croquetas caseras de setas y cebolla. Para ello, ponemos en un plato hondo la harina de garbanzos y vamos agregando el agua progresivamente. Removemos hasta conseguir una textura liquida, parecida a la de un huevo batido. En otro plato ponemos el pan rallado, y en un tercero un poco de harina de trigo.

Para darles una forma redondeada a las croquetas, podemos ayudarnos de dos cucharas soperas e ir cogiendo una pequeña porción de masa del bol. En este punto, primero las pasamos por la harina de trigo, seguido por nuestra mezcla no-huevo (harina de garbanzos con agua) que habíamos preparado previamente, y por último, las rebozamos en pan rallado.

Una vez que tengamos todas las croquetas rebozadas, podemos congelarlas o freírlas. Si las queremos conservar para consumirlas en otro momento, lo mejor es guardarlas en un tupper. En caso contrario, ponemos abundante aceite en una sartén a fuego medio-alto y esperamos a que coja temperatura. Cuando esté muy caliente, vamos friendo nuestras croquetas hasta que cojan un color dorado. En este punto tenemos que estar muy pendientes puesto que estas croquetas se fríen muy rápido y se nos pueden quemar.

Según las vamos sacando de la sartén las vamos poniendo sobre papel absorbente, para quitar el exceso de aceite. De esta forma, nos aseguraremos que tengan una textura cremosa por dentro y crujiente por fuera. ¡Buen provecho!

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